Uno entra a Facebook y de repente una cantidad considerable de personas está comprometida (nada tan poco comprometido) mediante el “me gusta” o el enlace compartido de la causa de turno. La indignación del día, diría el buen amigo Pablo. Siente entonces uno que la volatilidad de lo que surge en las redes sociales es inversamente proporcional al criterio con el que se consumen dichos contenidos. Hoy, el estandarte de la moral, el prócer de la condición humana enarbolando las banderas de un motivo más de indignidad en este país: el señor Gregorio Pernía y la campaña no más Jota Mario, que se puede evidenciar aquí y aquí.
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