Una EPS* es quizá la máxima expresión del capitalismo en una sociedad. No estaría mal si el servicio que prestan no se aproximara más al de un sistema comunista… y me atrevería a pensar que la atención en salud es mucho mejor en un país como Cuba que en Colombia. Las filas no serían problema: aquí también prevalecen, con la diferencia de que pagamos por ello.
Cuando uno es trabajador independiente se da cuenta de que el Estado tiene mil y una artimañas para no que uno no “peleche” como individuo económicamente viable y sostenible. Además de “tener que tener” el paquete básico (conocimiento + experiencia + cartones + criterio) acceder a un trabajo decente implica sucumbir a que la mitad del salario se esfume entre una y otra institución.
Es así cómo una persona que necesita y quiere unas condiciones dignas de vida está obligada a cercenar una porción de su bolsillo para pagar su propia salud y la de su familia, otra para las pensiones y cesantías (sabiéndose perdida toda posibilidad de jubilación a menos que se tenga un ciclo de vida más de anfibio que de humano), otra para impuestos, otra para declarar que no está endeudado (circunstancia difícil en este país), otra para demostrar que está libre de haber cometido algún delito (el humillante certificado del DAS) y varias otras para asuntos cuya razón de ser no terminamos de entender.
Para no caer en lo pretencioso, concentrémonos exclusivamente en el tópico de la salud. Hay una fila considerable para registrar la cita médica y otra de mayor longitud para reclamar los medicamentos sugeridos tras la evaluación del galeno -quien, tratan, no es un desconocido sino “su médico familiar”-. Para ser atendido por urgencias ya no es fila sino sala de espera.
Particularmente, esta EPS pareciera ser una de las de mayor renombre porque pertenece a una afamada caja de compensación familiar antioqueña. La sede que tengo en mente se ubica en el ala sur del Hospital Pablo Tobón Uribe. La víctima no puede acceder a las instalaciones con un solo acompañante, a menos que corra el riesgo de enredar sus pies al andar con sus propias vísceras. En el hall se enfilan las sillas plásticas, cada una llevando a cuestas un lamento y muchas dolencias.
El sitio es un hervidero en el que los pacientes intercambian miradas buscando quizá quién está en condiciones más lamentables; esto, mientras un médico clasificador determina la prioridad en que deben atenderse a los desafortunados. ¡Un médico clasificador! Más que un filtro para el orden de atención es una contensión temporal mientras los médicos de urgencias, siempre insuficientes, logran despachar entre sudores, gritos y sangres a sus… clientes.
Anotación: en Colombia, el 70% de los niños que sufren cáncer muere por negligencia en atención en salud.
*Se entiende por EPS Entidad Promotora de Salud. A esta sigla le han surgido diversas tergiversaciones por insatisfacción.
ABCamilo



