Las causas que nos mueven
Uno entra a Facebook y de repente una cantidad considerable de personas está comprometida (nada tan poco comprometido) mediante el “me gusta” o el enlace compartido de la causa de turno. La indignación del día, diría el buen amigo Pablo. Siente entonces uno que la volatilidad de lo que surge en las redes sociales es inversamente proporcional al criterio con el que se consumen dichos contenidos. Hoy, el estandarte de la moral, el prócer de la condición humana enarbolando las banderas de un motivo más de indignidad en este país: el señor Gregorio Pernía y la campaña no más Jota Mario, que se puede evidenciar aquí y aquí.
Comencemos por el video que desata la oleada de ciber-opinión este día:
Claro, lo que el hombre dice es cierto, llevamos una década o más siendo testigos de las intransigencias e irrespetos de Jota Mario Valencia en su programa matutino. Lo que pasa es que Gregorio pierde por método.
Primero lo primero: me sumo a la lista de personas que sienten desagrado por tan poco dimisionario personaje público. De hecho, está en mi top de indeseables de la farándula colombiana, seguido de Calero, el monito de el Lavadero con su respectiva Negra, la que se le asimila en tamaño y le supera en velocidad a la última (una tal Diva), y casi todo el elenco de Noticias RCN.
Toda vez aclarado este panorama, considero que la grima gregoriana por Jota Mario y sus comportamientos públicos es tan pesada como el Jota Mario mismo. Pregunto, ¿qué hay de nuevo en lo expresado por Pernía? Nada, el tema fue simplemente puesto en el plató por otra figura pública y eso le hace acreedor de aplausos a tan noble paladín mediático. ¡Pero de qué forma! Aclaremos, pues:
- Conmueve el fondo blanco, la postura férrea, y la consigna sobre el maltrato verbal. También mueve la entraña la cintilla en su pretensión evolucionista. Todo va bien hasta que el actor plantea que entre dormir y ver a Jota Mario en televisión se pierde la mitad de la vida. No desglosemos, pues, la causa/efecto científica, vital, mental y hasta práctica que está ligada al sueño. Ya me perdió desde ahí.
- Gregorio, quien -insisto- me cae bien, asume entonces la rienda de los valores, la ética, los principios, la moral y el respeto. Convoca a Jota Mario a que base su espacio televisivo, su poder mediático, en dichos bases de la dignidad humana. Amigo, llevá tu propuesta a Televida. Vos mismo has sido parte de esto, pero como parece que no te has dado cuenta, ¡bienvenido al capitalismo salvaje, al imperio del entretenimiento vacuo, al adormilamiento de las masas por cable coaxial! Todos sabemos lo que vende y eso no merece extender este párrafo. Lo han estudiado y criticado arduamente desde mediados del siglo pasado por allá en Frankfurt y lo venimos repitiendo con insurrecto acento. Este fue el sistema que nos tocó. Adaptémonos o encontremos alternativas o muramos, pero no intentemos luchar con lo que viene en esencia, por defecto. Te supera, nos supera y no va a cambiar.
- “Cuando usted agrede a una mujer es cuando se mete conmigo…“, le advierte con carácter de ranchero. Caray, paradigma de la masculinidad y el caballerismo. Pero sí, de acuerdo. “No voy a volver a prender mi televisor desde las 5:30 AM hasta las 10:30 AM“. Limitada oferta en la parrilla de programación la que le surten a Gegorio. Ojo que ahí viene la mejor: “… que usted [silencio corto mientras se escucha el paso del pliego de papel en que se escribió el discurso] le pida perdón a 42 millones de colombianos…”. ¡Hasta cuándo con el cliché de los 40 y tantos millones de colombianos! Como ciudadano de Colombia exijo no ser incluído en cuanta glosa se les ocurre meterme a mí y a otro nada despreciable tanto de gente. Reafirmo que no me simpatiza el pelón en cuestión, pero me viene igual que tenga audiencia o no, que se excuse o siga con sus improperios. Reales tragedias han sido ofrecidas en envoltorio de excusas sin que ello modifique la realidad, sobre todo porque la nuestra no requiere de justificaciones ni perdones sino de cambios radicales, profundos y legítimos en nuestra concepción social y cultural. No es sólo un contenido de televisión lo que necesita modificarse.
A lo mejor los elementos de donde encolo esta pequeña crítica parten de las falencias en el discurso del actor Pernía; una nimiedad, pensarán muchos. La intención aparentemente es buena y de ahí tan afamada y vertiginosa respuesta en las redes sociales, espacio que, promulga Gregorio, es el que le ha dado los elementos de su juicio; por tanto el hombre no está más que representando lo que parece un interés colectivo de una esfera pública virtual.
Que así sea, pues, y no resulte en un protagónico intento por mantener viva su condición de figura pública (que intentaría por este medio trascender a líder de opinión) para acometer un nuevo impulso de carrera política, que no le funcionó ya una vez a pesar tan afamada y deseada forma. Si así fuera, no se preocupe, señor Pernía. En las redes sociales, como en la TV, muchos tienen sus 15 minutos de fama. La diferencia es que aquí se olvida más rápido. Y a los demás, que sigan alzando con ahínco los teclados, que de todos modos saldremos en silencio por la puerta.




