— ABCamilo

Contra la inercia y la inopia

Transportarse en bus por esta ciudad es una experiencia poco grata si a las laderas pronunciadas sumamos las formas en que muchos conductores hacen su trabajo, que transgreden la decencia, la prudencia y la tranquilidad.

También es un momento ruidoso. Los motores rugen y dejan chorros negros y densos de humo, los frenos del vehículo son lacerados como caballos deteniéndose ante el fuego y se sintonizan desde temprano los gritos estrepitosos del típico locutor de emisora popular, que goza de dirigirse a sus oyentes como “mamita rica” o “mai niño”, según el caso.

El alto índice de desempleo es proporcional al de subempleo. “Subempleo” es el eufemismo que denota el trabajo informal, sin las prestaciones sociales legales y sin condiciones laborales dignas. El bus urbano es, entonces, un no-lugar de trabajo.

Y entre esa gente que se sube al bus, salta la máquina registradora y entrega un producto “sin ningún compromiso”, cuando frecuentamos una ruta podemos establecer en poco tiempo quién aborda en qué esquina, qué tipo de “chucherías” vende, cómo se expresa y en qué cambia ese discursillo de venta homogeneizado:

- “… Espero no incomodar con mi presencia quitándoles 4 ó 5 minutos de su agradable tiempo (…) El día de hoy vengo a ofrecerles este rico y delicioso dulce llamado (…) Por tan sólo doscientos la unidad o -para su mayor economía- lleve los 2 por trescientos o los 3 por quinientos”.

Este tipo de ventas está antecedido generalmente por la acción obligante del vendedor a que su producto sea recibido por el potencial consumidor, apelando a la buena educación de quien recibe o a una triquiñuela de intimidación mediante la exhibición/entrega del dulce rompiendo con la campana proxémica. O sea, te ponen el dulce en la cara.

Y bien, de todas las formas azucaradas, empaquetadas, justificadas y recitadas de venta en buses, mi preferencia es propiamente por las musicalizadas: disfruto cuando alguien se sube con su guitarra y a su modo interpreta un tango, un bolero o una canción juvenil de ésas que te recuerda necesariamente a alguien. Y el conductor en un acto de solidaridad le baja el volumen al vallenato de rigor, mostrando algo de humanidad.

El video que les comparto muestra un dúo de música andina. La cámara capta el ruido “natural” del bus con el que los muchachos compiten, y el encuadre -por más que se quiera- es susceptible de los trajines de la ruta y de quien la padece. Estos ‘pelaos’, como mucha gente en Colombia, le ganan a los días contra la inercia y la inopia:

5 comments
  1. ABCamilo dice: 29/01/201110:56 AM

    Muchas gracias, hermano, por leer el post y comentar.

  2. edwines dice: 29/01/20118:02 AM

    El tipo de amarillo quería su minuto de fama.

    Camilo, excelente post! muy buena narrativa.

  3. Julián dice: 21/07/20107:33 PM

    ¡Gracias! Aprendí que los recuerdos no se pueden idealizar.

  4. Mr. Effekt dice: 21/07/201011:52 AM

    El drama diario del transporte público tiene connotaciones bonitas de vez en cuando. Solo que cada vez es más difícil percibirlas y apreciarlas. A quienes vivimos esta experiencia diariamente, nos deja un sabor agridulce… entre el amargo drama detrás del “subempleo” y el dulce de la creatividad de quienes viven del rebusque. JMR

  5. Lala dice: 21/07/201011:44 AM

    Cami,

    Éste tipo de muchachos, son como esas flores que nacen entre los adoquines cuando el suelo parece muerto. La inercia y la inopia son cosas contra las que muchos luchamos día a día, son cosas que repudiamos, pero aún así, son las madres de éstas expresiones desesperadas, que no por serlo, dejan de ser hermosas.

    Muchas gracias por este post tan bello, tan cotidiano.

    Lala

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